
Investigaciones resientes apuntan a la importancia del tipo de grasas que comemos, y su diferente influencia no sólo sobre los lípidos sanguíneos sino sobre el desarrollo de ciertos tipos de cáncer e, inclusive, sobre el funcionamiento del sistema inmune o del proceso de envejecimiento (S.Granados, 2006).
Cuando hablamos en general de aceites y grasas, se suele caer en confusiones. Generalmente se comenta que las grasas son de origen animal, mientras que los aceites son de origen vegetal. Sin embargo, existen grasas de origen vegetal (como la de coco) y aceites de origen animal (como el aceite de salmón). La diferencia recae en sus características químicas, no en sus propiedades atribuidas como saludables, y por lo tanto no implica que un aceite sea siempre saludable, o que una grasa sea siempre mala.
Las grasas saturadas que por lo general son sólidas a temperatura ambiente, son característicos de los de origen animal (animales terrestres) aunque también con excepción se encuentran en la grasa del coco, de la palma y del cacao. Y son saturadas porque dentro de su estructura no tienen ningún enlace químico (unión que existe entre dos átomos).
En el caso de los aceites éstos hay de dos tipos monoinsaturados (mono: uno- un enlace insaturado) y poliinsaturados (poli: muchos enlaces insaturados).
De los que tienen un doble enlace o también conocidos como monoinsaturados el más conocido es el ácido oleico, constituyente mayoritario del aceite de oliva, mientras que los poliinsaturados son de consistencia líquida y flexible a temperaturas bajas. Dentro de éstas últimas se encuentran los omegas 6 (aceites como el de girasol, soya, maíz, etc) y el omega 3, presentes en pescados de agua fría (salmón) y en algunos vegetales (lino, nuez, colza, etc.). Estos ultimos dos tipos de aceites son primordiales en la alimentacion porque nuestro cuerpo no puede sintetizarlos sin la precencia de ciertos alimentos. (Nutrición, 2018).
Las grasas saturadas, también conocidas como dañinas y sólidas, pueden ser perjudiciales para la salud porque son muy densas y tapan las arterias (sólo deben constituir en la dieta menos del 10% del total kilocalorías diarias) lo cual ocasiona problemas cardiovasculares. Mientras que las insaturadas (monoinsaturadas y poliinsaturadas) contribuyen a proteger las arterias del corazón de la acumulación de la grasa, con lo que previenen riesgos de enfermedades cardiovasculares. (Consumidor.gob.mx, 2010).”
Conclusion:
Le mejor es tener una dieta variada que contenga los dos dipos de grasas (saturadas à solo 10% de la cantidad total de grasas ingeridas en un dia; e insaturadas). Lo ideal seria de consumir dos porciones por semana, de 75g cada una, de pescado rico en omega 3, como el salmon o las sardinas y de no sobrepasar 3 cucharadas, de 15ml cada una, al dia, por ejemplo de aceite de canola, de girasol, oliva o proveniente de granos o nueces.

Articulo redactado por Liliana E. Romo García.
Nutritionnista, especialista en pediatria
Correo: lynutricion@hotmail.com
